Inevitablemente Trump

Al contrario de lo que las encuestadoras marcaban, el controversial y temido Donald Trump obtuvo la madrugada del miércoles 9 de noviembre los votos suficientes del Colegio Electoral para convertirse en el Presidente Nro. 45 de los Estados Unidos. De hecho, en este año 2016, las encuestadoras ya habían errado en sus pronósticos para los plebiscitos sobre la continuidad o no del Reino Unido en la Unión Europea (“BrExit”) y el denominado “Acuerdo de Paz” del Gobierno Colombiano y las FARC.

Hace poco más de 500 días Trump era reconocible por el promedio de norteamericanos como un afortunado empresario y popular personaje de la televisión.  Ha sido un verdadero “outsider” que supo aprovechar todas las ventajas que tuvo a la mano para lograr un triunfo electoral que se acompaña además del que ha obtenido el Partido Republicano en la Cámara de Representantes y en el Senado.

Ya en 2011 Donald Trump había liderado nítidamente una campaña mediática destinada a cuestionar la nacionalidad del Presidente Barack Obama. De allí en más se especuló con su ingreso oficial a la política a través de una candidatura republicana para enfrentar al confirmado candidato reeleccionista. Pero Trump decidió esperar un mejor momento.

Tuvo por delante en este 2016 a una desgastada e impopular Hillary Clinton, que corría contra la imagen de Primera Dama de su escandaloso esposo Bill y su cuestionada gestión como Secretaria de Estado en la administración Obama. Hillary había ganado su nominación frente un sorprendente Bernie Sanders, un hombre demasiado “progresista” para el gusto de la actual cúpula demócrata. Con todo, el Comando de Campaña de Clinton contaba con convertirla en un mal menor y necesario. Pero ello nunca ocurrió.

Trump ha ganado y con ventaja en Estados que a pocas horas de iniciarse el día electoral se mostraban sólidos a favor de su contrincante. Los triunfos republicanos en Pennsylvania, Wisconsin y Michigan, sumados a los importantes votos de Florida y Ohio fueron el balde de agua helada que desató cerca a la medianoche del martes la caída de la mayoría de las bolsas de valores asiáticas y una serie de pesimistas manifestaciones acerca no solo del futuro de EEUU sino del mundo en general.

Tomando en cuenta ello, cerca de las 3 de la madrugada Trump dio un mensaje conciliador en su cuartel general de New York. Anunció que había recibido la llamada de aceptación de derrota por parte de la candidata demócrata y subrayó lo central de su promesa electoral: gobernar para todos y generar empleos. También se dio tiempo para incluir algunas referencias para su público fuera de las fronteras norteamericanas: "Buscaremos la cooperación y no el conflicto" sentenció.

Trump cosecha los frutos de una campaña en la que siempre llevó la iniciativa -incluso desde las internas previas a la Convención Republicana que lo nominó- con un discurso intencionalmente confrontacional plagado de matices racistas y sexistas, en el que no importó la falta de elegancia y que permanentemente se polarizó contra lo más significativo del establishment: la burocracia gubernamental de Washington, los efectos del modelo económico global, la influencia de los medios de comunicación, el sistema electoral y hasta las más representativas figuras republicanas (como Bush, Rubio, Schwarznegger y Byrne entre otros) quienes curiosamente al "desmarcarse" públicamente de él, no lo debilitaron sino que terminaron fortaleciéndolo.





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